Del Pacífico a Morón: una trocha de combate por la solidaridad. Crónica de la visita de la brigada de solidaridad con Cuba “Cruz del Sur”, de Australia y Nueva Zelanda, que finaliza este martes su programa en la Isla antillana

Por: Rafaela Valerino Romero *

La alegría contagiosa y el rojo intenso de sus camisetas permite que sean divisados desde lejos en cada pueblo, ciudad, municipio y provincia por donde pasan. Llevan un gallo como símbolo de amor por Cuba. No se usan como despertadores para iniciar el día; pero madrugan en Artemisa para llegar al encuentro con la historia en la avileña ciudad de Morón.

Vienen desde Australia y Nueva Zelanda, en el océano Pacífico, al otro lado del mundo; pero pronto los envuelve el verbo de Larry Morales, este hombre de palabras y piernas ágiles. Nadie mejor que él para hablar del terruño donde nació Roberto Rodríguez, El Vaquerito, jefe del Pelotón Suicida en la Columna 8 “Ciro Redondo”, al mando del Che.

La sede de la fundación Nicolás Guillén es un proyecto comunitario en el patio de la casa de Larry y su amada esposa Lina, también escritora. Ellos son padres adoptivos de centenares de jóvenes de la región a quienes han transmitido el amor por la historia y la literatura, la música y la amistad. Allí hasta los gallos cantaron y bailaron.

Una profesora hace un juego de participación y el premio es un libro. La pregunta fue simple: el nombre del hijo de José Martí. La respuesta fue rápida por una joven brigadista australiana: Fidel Castro. En un examen de Historia de Cuba parecería una respuesta errada, pero es una gran verdad porque Fidel es hijo de las ideas y el pensamiento del Maestro, como lo somos todos los cubanos martianos y fidelistas. Al ritmo de los versos de Martí, en “La Guantanamera”, los gallos se despiden de Morón con deseos de seguir la pelea, por una Cuba sin bloqueo.

Algunos quieren quedarse para ser atendidos en la sala de Geriatría del hospital provincial de Ciego de Ávila donde reciben información sobre el sistema de salud cubano; pero primero contribuyen a la terminación y limpieza de una sala de consultas, en una fructífera jornada de trabajo voluntario.

Por la ruta de la Victoria

En Artemisa rinden tributo a los mártires que encendieron las antorchas junto a Fidel para alumbrar la senda que los condujo al cuartel Moncada. Pocos brigadistas no conocían los detalles de antes y después del asalto, de la hazaña del Granma o de las mujeres que estuvieron en la Sierra Maestra. Les conmueve la juventud de esos artemiseños heroicos de quienes hay sangre en la bandera cubana.

En Ciego de Ávila vibran con la llegada de los jóvenes y combatientes de la Caravana que reedita el paso del triunfante Ejército Rebelde, desde Santiago de Cuba a La Habana. Viven la emoción con los cubanos y se hacen fotos con los protagonistas de aquella gesta histórica. Sobre estos pechos no caben las medallas al valor y la fidelidad; dentro de aquellos pechos no cabe tanta felicidad al conocer lo que es un pueblo que ama y defiende su Revolución.

Santa Clara los acoge con el mismo calor de hijos. Los caravanistas entran a la ciudad del Che como si fuera enero de 1959. Con el yeso en la mano izquierda, Ernesto Guevara sonríe a quienes lo dejaron vivir, de carne y hueso, en un monumento eterno al amor. Cada uno quiere tocar sus manos, su cabellera, su barba. Y lo adoran como si fuera ¡San Guevara en traje de campaña!

En Ciudad Libertad se abren las puertas de muchas escuelas para que los pioneros se junten, allí, donde la aurora dio gritos de libertad. No hay palomas blancas para posarse en los hombros; ellas vuelan hacia el futuro de un sueño que se ha convertido en realidad. Nuestros gallos intercambian con amigos de Brasil, Honduras, Costa Rica, Estados Unidos, Canadá, Panamá. Es el mundo que continúa apoyando a Cuba, su nueva Constitución, su más Socialismo y sus ansias de un Guantánamo sin base naval extranjera en contra la voluntad de sus gentes.

La amistad fue el lenguaje mágico que facilitó el entendimiento

Vinieron a celebrar con el pueblo cubano los 60 años de muchas victorias y lo han logrado. Ahora saben por qué los médicos cubanos regresaron dignamente de Brasil y algunos perdieron sus vidas en misiones internacionalistas; por qué Cuba decidió mantener su modelo económico y luchar por una sociedad próspera y sostenible; por qué el pueblo votará por su nueva Constitución, el 24 de febrero venidero. Ahora pueden explicar a otros por qué el bloqueo incide en que la Wifi sea lenta, pero el gobierno cubano reconoce la necesidad de la informatización de la sociedad.

Ahora pueden contar a sus hijos y nietas que vieron a Alicia Alonso y disfrutaron de la divinidad del Ballet Nacional de Cuba; que recorrieron el más importante recinto ferial del país: Expocuba, creado por Fidel para exponer los principales avances científicos de la isla. Pueden decirles que bailaron con varias familias cubanas en un CDR en Caimito, donde no hicieron faltas los traductores porque la amistad fue el lenguaje mágico que facilitó el entendimiento.

Cuba es música, canción, retorno, esperanzas

En diferentes sitios les dieron la oportunidad de hacer sonar campanas llamando al combate de los tiempos modernos; como en su momento lo hicieron Céspedes, Martí, Fidel… Ponen fuerza en su latir y sentimiento en sus anécdotas. Saben que otros niños, niñas y jóvenes cubanos necesitan apoyo financiero para materiales escolares, medios de enseñanza y juguetes.

No se sienten reyes magos cuando entregan lápices y colores a la Escuela Especial de Autismo “Vilma Espín” en Cienfuegos. Por el contrario, se les estruja el corazón cuando Laura les canta, cuando Rafael enlaza botones y colores, o cuando Eduardo sonríe porque ahora es trabajador en la misma escuela que lo hizo un ser humano importante. Su asombro por lo que hace una Revolución es mayor que el aporte que han entregado, donado por solidarios amigos australianos.

Se humedecen los ojos de algunos de estos hombres y mujeres cuando escuchan a los niños y adolescentes de la Escuela de Música Alejandro García Caturla. A una pregunta acerca de las afectaciones del bloqueo para comprar los instrumentos musicales, la profesora les habla de lo difícil que resultan algunos aditamentos como las cuerdas para las guitarras. El más deportivo de ellos festeja sus 80 años con el coro de la escuela que le canta felicidades y según expresa emocionado “el mayor regalo de su vida es tocar el clarinete en Cuba”. Y todos lo escuchan con atención. Sus ojos bien azules se sonrojan. Solo en este país sucede algo tan maravilloso.

Tendrán que decir adiós a Cuba muy pronto. Atrás quedan nuevas amistades, lugares por conocer y hasta algunos pasos de baile por aprender. Se llevan infinitas inspiraciones para seguir luchando contra el bloqueo impuesto a la isla caribeña. Sus ojos dejan una estela del mismo color del mangle rojo que cubre las aguas de una laguna en Morón; el mismo rojo de sus camisetas en las que vibrará más fuerte, en lo adelante, ese gallo de pelea que se llama SOLIDARIDAD.

*Representante del ICAP que acompañó a la brigada en su estadía en Cuba

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