El amor por Cuba y su Revolución en Italia y en la vida de Marco Papacci

2018-'6-211Marco-PapacciPORTADARoma.- En abril de 1961, mientras el pueblo cubano enfrentaba la invasión mercenaria por Playa Girón, millones de hombres y mujeres de todo el mundo cerraron filas con la joven Revolución socialista a la cual expresaron su solidaridad de muchas maneras.

Italia no fue la excepción y en un gesto de singular nobleza, la movilización en plazas y calles para protestar contra la agresión y apoyar el derecho de la nación caribeña a la independencia y autodeterminación, devino acompañamiento permanente con la creación de la Asociación Nacional de Amistad Italia-Cuba (ANAIC).

La solidaridad con la Isla se hizo permanente y cobró fuerza en circunstancias como la Crisis de Octubre en 1962, cuando cayó abatido por la intervención de la policía, en la ciudad de Milán, el estudiante de medicina Giovanni Ardizzone, durante una manifestación organizada por la Central General Italiana del Trabajo (Cgil).

La figura del joven, quien con apenas 21 años ofrendó su vida en una demostración pacífica, se convirtió en un símbolo de la solidaridad con Cuba, consagrado medio siglo después con la colocación de una tarja en su memoria, por decisión de la alcaldía, en el lugar de la protesta, la Vía Mengoni.

Casi 56 años después de su inmolación, la figura de Giovanni Ardizzone constituye una fuente inagotable de inspiración para los más de tres mil miembros de los 68 círculos de la Anaic diseminados por todo el país, entre ellos el de Roma, presidido desde hace un cuarto de siglo por Marco Papacci.

Nacido en la capital italiana hace 50 años, aunque de apariencia física mucho menor, Marco es el cuarto de ocho hijos de una familia humilde en la cual fue el único que al concluir la escuela media quiso seguir estudiando, porque -recuerda- ‘mis hermanos querían ir a trabajar rápido para ganarse la vida’.

Además, señala, en la casa había una situación interesante, mi papá era miembro del Partido Comunista Italiano, en la casa siempre hubo una gran biblioteca y yo, desde pequeño, empecé a leer y al mismo tiempo a practicar deportes, en particular la lucha greco-romana, de la cual mi padre también fue entrenador y desde joven hice una carrera bastante buena en esa disciplina.

‘Fui ocho veces campeón nacional entre las categorías de 48 y 62 kilogramos y eso me permitió ganarme una beca de la Federación de Lucha de Italia, que me mandó a estudiar al norte del país junto a los mejores 40 luchadores del país.

‘Ingresé en el equipo nacional y participé en varios torneos internacionales, incluyendo un mundial juvenil. Mi carrera a nivel internacional no fue muy buena, pero en Italia yo era un buen luchador.

‘Después logré entrar en un equipo de profesionales y al terminar mi carrera como atleta, empecé la de entrenador, en cuya condición estuve tambien durante dos años y medio en el equipo nacional y actualmente soy entrenador del equipo de la Fiamme Oro, de la policía de Italia.

‘A los cincuenta años, decidí volver a estudiar y ahora soy un viejo estudiante de la carrera de Ciencia del Deporte’.

EL PRIMER CONTACTO CON CUBA

Antes de conocer a Cuba, Marco Papacci la soñó de mil maneras y la primera fue a través del Diario del Che en Bolivia, cuya lectura acrecentó su interés en la figura del héroe.

De la búsqueda en la vida y la obra del guerrillero argentino-cubano surgió el interés de visitar la Isla, deseo que compartió con una funcionaria del Ministerio de Cultura a quien conoció en una exposición de cerámica en Milán.

A través de Rosa Juampere Pérez entró en contacto con un integrante del círculo de Génova de la ANAIC, quien a su vez lo ayudó a preparar su primer viaje a Cuba en 1988.

LA LLEGADA A LA HABANA

Cuenta Marco que viajó a Cuba entusiasmado por conocer de primera mano la patria de Fidel, Camilo, el Che y otros protagonistas de la epopeya.

‘Llegué a Cuba y me hospedé en el hotel Colina, frente a la Universidad de La Habana. ‘Aquella noche no dormí porque era tanto el deseo de estar en Cuba que me desperté temprano, tomé un café de desayuno, bajé y lo primero que encontré fue a dos muchachos que estaban allí’.

Gratamente sorprendido por el trato amistoso de los jóvenes, quienes lo hacían sentirse en familia al tratarlo de ‘compañero’, Marco se dejó llevar por ellos en un paseo por la ciudad, sin imaginar lo que le esperaba.

‘Estando en la Habana Vieja, uno de ellos me pregunta si iba a cambiar dinero y yo le di 200 dólares, que en aquella época era una cantidad enorme y a cambio me dieron un rollo de lo que inicialmente parecían pesos, pero al final resultaron ser papeles inservibles’.

El desencanto sufrido, sin embargo, no disminuyó su entusiasmo por conocer a fondo la realidad cubana y a través de Rosa, logró realizar trabajo voluntario en el combinado textil Desembarco del Granma, en la ciudad de Santa Clara, donde compartió con los obreros, quienes lo acogieron con afecto.

‘A pesar del incidente de la estafa, regresé a Italia contento de haber conocido a un país maravilloso en el que la gente te saluda y te abraza, donde existe una comunidad cultural con un nivel altísimo’.

EL INGRESO A LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE AMISTAD ITALIA-CUBA

De regreso en Italia, entre 1988-1989, se incorporó al Círculo de Roma de la ANAIC, en momentos en que ‘ya se estaba produciendo la división en el Partido Comunista Italiano, al cual estaba vinculada la Asociación, que era fuerte’.

‘Así llegamos a 1991, cuando se disuelve el Partido Comunista Italiano y la Asociación tuvo momentos de incertidumbre, pues al partido ya no le interesaba el trabajo con las organizaciones de solidaridad y nos quedamos un poco huérfanos.

‘Algunos dirigentes en varias ciudades del país quisieron cambiarle la línea y convertirla en una asociación más cultural, menos política.

‘Tuvimos un congreso fuerte bajo la dirección del Arnaldo Cambiaghi, ya fallecido, y decidimos que la asociación debía ser una organización de solidaridad política, no de baile ni nada de eso, aunque entre sus actividades hay una fuerte presencia cultural’.

En ese congreso, efectuado en 1993, Marco Papacci fue elegido secretario del Círculo de Roma, tarea inesperada que asumió consciente de la necesidad de conocer con más profundidad la historia de Cuba y su Revolución.

Recuerda que Cambiaghi, viejo luchador, lo felicitó por la elección y le advirtió que como dirigente tenía que emplearse a fondo y dar ejemplo, ser el primero en todo, consejo que recibió ‘como una indicación que cumplo hasta hoy’.

Por su dedicación al trabajo de la Anaic y su consagración a la solidaridad con la nación caribeña, este hombre de mediana estatura, voz grave y excelente dominio del idioma español, fue condecorado en 2006 con la Medalla de la Amistad, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba, y ocho años más tarde, elegido vicepresidente de la Asociación.

LA ASOCIACIÃ’N Y SUS TAREAS

La ANAIC es muy activa y respetada en el movimiento italiano de solidaridad con Cuba, tanto en el campo político como en la realización de donaciones para proyectos específicos, como el más reciente en el sector agrícola.

Otras actividades son presentaciones de libros, muestras fotográficas, proyección de audiovisuales y encuentros con personalidades cubanas de visita en Italia, entre otras.

La lucha contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra la Isla y por la devolución a Cuba del territorio ilegalmente ocupado por la base militar de ese país en Guantánamo, son dos tareas permanentes a las cuales la ANAIC dedica una atención especial.

Mucho peso y valor en la historia reciente de la organización, tuvieron el reclamo de justicia en el caso del joven italiano Fabio Di Celmo, asesinado en La Habana en un atentado terrorista, y la campaña por la liberación de los cinco luchadores antiterroristas presos injustamente en cárceles estadounidenses.

La Asociación está presente en las redes sociales y tiene su propia revista trimestral llamada El Moncada, la cual aborda temas relacionados con Cuba y el resto de América Latina, junto con actividades de la organización, y circula entre sus miembros y en unas 300 bibliotecas italianas.

Casi tres décadas después de su incorporación a la solidaridad con Cuba, desde las filas de la ANAIC, y casado con una cubana, con quien tiene un hijo de 18 años, Marco Papacci habla sobre la Revolución cubana como alguien que se siente parte inseparable de ella y a la pregunta sobre qué es lo que más le impresiona de Cuba responde sin titubeos:

‘Su pueblo, su Revolución, sus logros en la cultura, la educación, la salud, la ciencia y el deporte, a pesar del bloqueo, junto al desarrollo de una elevada conciencia política, que le ha permitido resistir y vencer en las circunstancias más difíciles, con un claro sentido de unidad, entrega y vocación internacionalista’.

¿ENTONCES, VALIÃ’ LA PENA?

‘Por supuesto, aunque todavía hay muchas cosas que hacer por Cuba. Mientras exista el bloqueo y la ocupación ilegal del territorio de la base en Guantánamo, continuaremos luchando, pero aún después de eso lo seguiremos haciendo, porque siempre tendremos que romper el muro de silencio impuesto por los grandes medios de comunicación en torno a la Isla’

‘Nuestra lucha hoy en ese sentido es extensiva al proceso revolucionario venezolano, sometido a una intensa campaña mediática y política de mentiras y desinformación’.

¿Y FIDEL?

‘Siempre presente, en la memoria y en la acción. Consagró su vida al amor al prójimo y eso es lo que más me impresiona de él, porque además logró sembrar ese modo de actuar en el pueblo de Cuba.

Tuve la suerte de verlo por primera vez en 1994, en el congreso mundial de solidaridad con Cuba, en La Habana, donde lo escuché atentamente durante cuatro horas de discurso. Después tuve el privilegio de trabajar en el apoyo a su visita a Roma en 1996 y guardo como un tesoro una foto que me hice junto a él en el aeropuerto, poco antes de su regreso a Cuba’. (Frank González/PL)

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