EL HOMBRE TODO DIGNIDAD QUE CONOCÍ

A pocos días de la llegada a Cuba el próximo 12 de noviembre del patriota puertorriqueño Oscar López Rivera, quien resistió encarcelado más de 35 años en cárceles del Imperio, reproducimos una entrevista concedida a “Siempre con Cuba” (2014), por Fernando González Llort, uno de Los Cinco, en la que repasa sus memorias de los más de cuatro años que compartió celda en Estados Unidos con el héroe boricua. Fernando con sus recuerdos nos ofrece una imagen de las enormes dimensiones políticas y humanas del líder independentista

Por Iliana García Giraldino Fotos: Karoly Emerson (ICAP)

“Cuando sin previo aviso fui a parar a la cárcel de Indiana, al pasar uno o dos meses, un día estaba en el comedor y vi a la distancia entrar a un hombre. Pensé: ¡ese es Oscar López Rivera!, dirigiéndome hacia él. “Yo soy Fernando González Llort, cubano…”, y me interrumpe diciéndome “Yo sé quién eres tú” y nos abrazamos. “Es que Oscar está muy informado, muy al día, el caso de Los Cinco era muy conocido por él, los puertorriqueños están muy al tanto del tema. Inmediatamente se produjo una identificación entre nosotros, hubo mucha afinidad desde el primer instante”.

Así recuerda el héroe cubano su primer encuentro con el patriota borinqueño, momentos que se-llaron una profunda amistad que emergió como otro paradigma de los vínculos de los pueblos cuba-no y puertorriqueño.

Fernando evoca con inmensa admiración a Oscar: “es un hombre muy culto, no solo se informa con los libros, sino se nutre de su vida misma. Tiene un conocimiento concreto de la realidad. Aprendí mucho con él de las luchas sociales en Chicago y por los derechos civiles en Estados Unidos en los años 60 y 70, de los grupos de afro americanos. Me permitió además acceder a libros muy interesantes sobre aquellos años. No solo aprendí con Oscar de las batallas de los puertorriqueños sino de la realidad de Estados Unidos”…

El ejemplo del combatiente incansable por la independencia de Puerto Rico dejó profundamente marcada su huella en Fernando, a quien se aprecia emocionado cuando habla de su compañero de celda por más de cuatro años. “Es un hombre de ideología muy formada, muy disciplinado, se levantaba muy temprano a hacer ejercicios todos los días. Lleva más de 30 años preso sin claudicar sus principios, consciente de por qué está preso, sabiendo que puede morir en la cárcel y está dispuesto a hacerlo, asume el mayor sacrificio”.

Recuerda que cuando Oscar fue indultado por Clinton, renunció a la libertad en solidaridad con otros compañeros de lucha que no fueron incluidos. “Hay que tener principios y una dignidad tremenda para hacer eso”, expresa.

Sobre la vida en la cárcel que compartieron, Fernando comenta: “Oscar es un hombre con un sentido humano tremendo. En la prisión está dispuesto a enseñar a todos. Hay que verlo en su esquinita donde pinta. Mientras lo hace conversa con los jóvenes boricuas, les habla de la lucha por la independencia de su país, los va formando. A mí me ayudó para aprender a dibujar. Yo tenía unos libros para ir aprendiendo solo y me dijo que fuera haciendo los dibujos para él revisarlos después. Pero no solo eso, me ayudó a tener una esquina que preparé para dibujar. Oscar es muy disciplinado, hace ejercicios diariamente, inclusive en una etapa corríamos juntos”.

Y añade: “Oscar está muy dedicado a mantenerse informado y a mantener contactos con el exterior mediante la correspondencia. La lucha por su libertad ha sido intensa y nos da la esperanza de que pueda salir de prisión y regresar a Puerto Rico, la isla que tanto quiere y que tanto lo espera”.

Sobre sus primeros contactos con la historia de los independentistas puertorriqueños, Fernando recuerda que esa causa “siempre ha sido muy conocida en Cuba, desde niños sabíamos de las luchas de los patriotas boricuas, del apoyo que siempre han tenido de Cuba, y como estudiante de Relaciones Internacionales también me era cercano el tema”.

Cuando el Héroe cubano fue trasladado de prisión, la separación de Oscar lo estremeció. Con nostalgia recuerda: “Éramos tres personas en la celda, con hábitos similares, de tranquilidad, de lecturas, sin ruidos. Habían pasado varios años. En esa circunstancia uno no sabe cuándo va a volver a ver al compañero o si lo volverá a ver algún día. Fue muy emotivo. Pero esa es la realidad de la prisión, trasladan a los presos de un lado a otro…” Después los contactos entre ambos fueron indirectos, me-diante otras personas.

Fernando dejó de ver a Oscar en 2012 y cuando iban a ser separados el boricua “tuvo un gesto muy bonito, me pidió que le dejara una foto mía para pintar un cuadro. Él me mandaba mensajes, “no te preocupes que el cuadro lo voy a pintar”. Y se lo envió. Fernando lo conserva. Tras cumplir su injusta condena y regresar a Cuba, recibió una carta de Oscar. “Entonces supe que el día en que salí de la cárcel él y otros compañeros se reunieron en la prisión e hicieron algo ese día”.

Y prosigue recordando: “Cuando le otorgaron a Oscar la Orden de la Solidaridad El Medhi Ben Barka, otorgada por la OSPAAAL, que la recibió su hija, yo no estaba en Cuba pero estoy seguro que fue muy emocionante para René (González) entregarla, es una Medalla muy merecida, para él y su familia, porque en estos casos la familia es la que más sufre.

“No solamente es que ha estado más de 30 años preso, es que las autoridades se ensañaron con él. De ese tiempo estuvo 12 años en condiciones diseñadas para quebrar su voluntad, en prisiones de castigo, prácticamente en confinamiento en solitario, con escasas visitas, y eran a través de un cristal, en ambiente muy restringido, no vio crecer a su hija, no vio nacer a su nieta que hoy ya es estudiante universitaria”.

¿Cuál mensaje le haría llegar en estos momentos? “Le enviaría un abrazo desde la libertad, y le expre-saría mi confianza en que el movimiento por su liberación será exitoso, mis deseos de que pueda volver a su isla y dejar atrás todos estos años de prisión y tortura”.

Fernando, pensativo, expresa: “Por Oscar siento no solo respeto, también tremenda admiración, por su sentido del deber, por su disciplina, humanismo, por el estoicismo con que ha enfrentado la cárcel y las torturas, porque ha sido torturado. Solamente con una gran fortaleza sicológica y conciencia de lo que defiende es posible esa resistencia. Es un hombre todo dignidad y humanidad, un revolucionario íntegro”.

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