Por un vapor español comenzaron más de 60 mil días

Por: Iliana García Giraldino Fotos: Karoly Emerson (Siempre con Cuba)

Toda una mañana de evocaciones en la bahía habanera, este tres de junio de 2017. Un embarcadero, una calle pedregosa, la majestuosidad de una ceiba con ofrendas en sus raíces, el horizonte marino… y en el pensamiento de todos el vapor español Oquendo golpeado suavemente por las aguas mientras en 1847 tocaban tierra unos 200 chinos procedentes de Guangdong.

Ellos venían con sus ilusiones rápidamente quebradas por el engaño de contratistas españoles. Fue una primera oleada de emigrantes de aquel país a la Isla antillana. Sería el inicio de una larga y profunda amistad, de una historia surgida por el sufrimiento y fortalecida por los anhelos de libertad.

En esta jornada fue reeditado simbólicamente aquel desembarco 170 años atrás. Luego, un acto de recuerdos y reafirmación de los indisolubles vínculos chino-cubanos. Entre los asistentes un anciano chino natural, cubano como tantos miles. Su rostro reflejaba sabiduría y cierta nostalgia junto a la complacencia de estar allí. ¿Qué pensaría? ¿Cuáles remembranzas le cercaban en un día como este?

Las palabras de las autoridades municipales recordaban la participación china en nuestras guerras de independencia –ningún chino-cubano fue desertor, ningún chino-cubano fue traidor- y en las posteriores batallas libertarias y en la construcción de la nueva sociedad.

La sincera amistad que unen a chinos y cubanos fue resaltada por Ma Peihua, vicepresidente de la Conferencia Consultiva Política de China y presidente de la Asociación de Amistad de China con América Latina y el Caribe (AACHILAC) y su comitiva, quienes viajaron especialmente a Cuba para la celebración.

Ma Peihua se sintió entre hermanos, chinos y cubanos. Conversó, intercambió con jóvenes y no tan jóvenes descendientes de chinos. Tomó fotografías, disfrutó del espectáculo de las escuelas del Barrio Chino, de la danza del dragón fundida con la conga criolla, de la que los reglanos son excelentes exponentes.

La luz solar calentaba más a medida que avanzaba la mañana. En las brumas del amanecer quedaron las figuraciones de aquel vapor español que trajo a los primeros inmigrantes chinos, y la imagen que se apoderaba de todos era el alegre programa cultural chino-cubano. Tal vez hoy comiencen otros 170 años y muchos más, en etapas sucesivas y renovadas de verdadera amistad, que hasta hoy se ha prolongado por más de 60 mil días.

 

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