“Cuba y Vietnam: una amistad con sobradas razones para saberse hermanos”

Por: Rafaela Valerino Romero

Cuando se habla de amistad entre dos naciones se piensa en los nexos casuales que han establecido a lo largo de la historia. Pero, cuando se habla de hermandad, inmediatamente, se piensa en las muestras de solidaridad verdadera recogidas en disímiles historias.

En un ambiente de hermandad fue recibido, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Nguyen Trung Thanh, embajador de la República Socialista de Vietnam.

En sus palabras de bienvenida, el presidente Fernando González Llort le hace saber que es el primer embajador que recibe desde que asumió su nueva responsabilidad al frente del Icap.

El embajador agradeció que Vietnam haya estado en el corazón de los cubanos desde “Un paseo por la tierra de los anamitas” en las antológicas páginas de La Edad de Oro, de nuestro José Martí.

Aunque nunca había visitado Cuba, Nguyen Trung Thanh expresó sentir “gran orgullo de estar en la patria de José Martí, Fidel Castro y Che Guevara, cuyos sueños y pasiones los hicieron mirar hacia otros pueblos”.

Reconoció todo lo que se hace en Cuba para divulgar la historia y la cultura vietnamitas, a través de la Asociación de Amistad y sus centros, y ratificó su deseo de continuar contribuyendo con el fortalecimiento de las transparentes y desinteresadas relaciones entre ambos pueblos; así como, acompañar al Icap en la defensa de otras causas verdaderas como la de la República Bolivariana de Venezuela.

Dijo que en su periodo en la mayor de las Antillas, como embajador, desea lograr un mayor fortalecimiento de la amistad y cooperación entre Cuba y Vietnam; continuar resaltando los valores de las históricas relaciones de hermandad, y trabajar en la búsqueda de nuevos símbolos para consolidar esos lazos indestructibles entre las más jóvenes generaciones de ambas naciones, con nuevos intercambios culturales, económicos, políticos, intelectuales y de amistad.

En días recientes, el diplomático vietnamita visitó la heroica Santiago de Cuba y trajo algunas “tareas inmediatas” como la donación de un busto de Ho Chi Minh a esa histórica ciudad, para que José Martí y Ho Chi Minh vuelvan a estar muy cerca en la historia; unidos ya por la fecha del 19 de mayo, cuando uno nacía (Ho Chi Minh, 1890-1969) y el otro moría defendiendo sus ideales (José Martí, 1853-1895).

Fernando González y la vicepresidenta del ICAP, Alicia Corredera, también presente en el recibimiento, rememoraron algunas de las contribuciones del pueblo vietnamita, de su partido y gobierno a los cubanos, en los años difíciles del Periodo especial; la presencia permanente de las delegaciones de Vietnam en los encuentros regionales de solidaridad con Cuba y su cálida acogida como sede de dos de estos eventos celebrados en Hanoi, su capital.

El Héroe cubano agradeció, especialmente la contribución de los amigos de Vietnam a la causa por la liberación de Los Cinco y ratificó que “los vietnamitas no tienen idea de lo que representó para nosotros, mientras estábamos en prisión, leer las historias acerca de la resistencia de ese hermano pueblo en sus años de lucha. Tengo la seguridad de que la sabiduría y resistencia de los hombres y mujeres de Vietnam ha dejado lecciones para todos los revolucionarios del mundo, donde quiera que se encuentren”, aseveró.

La contribución de Vietnam y Cuba para el futuro está “en lograr mayores niveles de felicidad para nuestros pueblos y, a su vez, con nuestra solidaridad, contribuir con aquellos que aún luchan por consolidar su libertad”.

En toda conversación entre cubanos y vietnamitas está presente que el Comandante en Jefe Fidel Castro fue el primer y único jefe de Estado que llegó a las selvas vietnamitas cuando aún corrían -de boca en boca- las hazañas de aquellos hombres delgados, de pelo blanco y largas barbas que derrotaron al ejército estadounidense, el más poderoso de la época.

Siempre estará el orgullo de que el último presidente de un país que estrechó las manos de nuestro invencible Comandante fue el de Vietnam.

En ningún encuentro oficial o entre hermanos vietnamitas y cubanos podrá dejarse de mencionar que, cuando el corazón de Fidel Castro dejó de latir el presente, para marcar la eternidad de un legado histórico que se multiplicará en millones de esperanzas, de inmediato llegaron a su cabecera los hijos legendarios del Tío Ho. Llegaron los primeros porque venían a ofrecer su propia sangre como solo se hace por un padre amado. Algunos estudiaron en Cuba y ese padre siempre les acompañó.

Estas, y muchas otras, son las razones de por qué los lazos de hermandad entre Cuba y Vietnam no se cuentan en años, si no en gestos, en admiración: en abrazos.

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