Mario Muñoz, del Moncada a la universalidad

Vestía bata blanca y trataba con humildad con sus semejantes. Algunos le criticaban porque cuando el paciente le necesitaba no le preguntaba si tenía dinero para pagar, le atendía sin miramientos…

En la década de los años 50 del siglo XX cubano, Mario Muñoz Monroy, en la ciudad de Colón, provincia de Matanzas, estaba al tanto de las noticias, sabía que el futuro de la Patria no podría ser el de golpes de estado, represión, tiranía e inconstitucionalidad.

Antes combatió a Gerardo Machado, porque amaba la justicia, era hombre cabal, por eso no dudó en enrolarse en el movimiento que pasó a la historia como la Generación del Centenario.

De su casa de la calle Diago, hoy Museo Casa de los Mártires del Moncada, en Colón, partió en su auto hacia Santiago de Cuba para encontrarse con la historia.

Cumplía 41 años de edad, y es conocido su diálogo con Fidel Castro, líder del grupo de jóvenes martianos y revolucionarios que asaltaron la madrugada en aquel julio caluroso y de carnavales en la ciudad de Santiago de Cuba.

Luego de estrecharse ambos en un abrazo, en la granjita Siboney, sitio desde donde partieron seguros hacia la Posta Tres del Cuartel Moncada, Mario le dijo a Fidel:

-¡Qué fecha has escogido! ¡Hoy cumplo 41 años, y los pongo en tus manos, que tienes 26!

Su responsabilidad en los hechos estaba vinculada al hospital civil Saturnino Lora, junto a Abel y Haydee Santamaría, Melba Hernández y otros combatientes. Después del fracaso del factor sorpresa, lo hicieron prisionero y asesinaron salvajemente.

En el histórico alegato La historia me absolverá, en la pequeña salita del propio hospital santiaguero, durante el juicio, Fidel se refirió al suceso:

“…El primer prisionero asesinado fue nuestro médico, el doctor Mario Muñoz, que no llevaba armas ni uniforme y vestía su bata de galeno, un hombre generoso y competente que hubiera atendido con la misma devoción tanto al adversario como a su amigo herido. En el camino del Hospital Civil al Cuartel le dieron un tiro por la espalda y allí lo dejaron tendido boca abajo en un charco de sangre…”

Crimen horrendo, pues Mario era médico, hombre honrado, el cual quiso con su vida curar las heridas de la Patria.

En su natal ciudad de Colón se le recuerda en la obra que construyen cotidianamente sus coterráneos. Escuelas, centros laborales y el hospital llevan con orgullo su nombre. Artistas regalarán poesías, música y danza en su memoria, y la casa desde donde partió en aquel día de julio, luce remozada para exhibir los tesoros que guarda.

A cien años de su natalicio, Mario Muñoz constituye guía de quienes llevan la medicina a sitios intrincados de la geografía universal; sin solicitar nada a cambio, evocan su figura.

Tal vez este 26 de julio, cuando llegue otra nueva vida al mundo y le nombren Mario, en honor al hombre bueno, vuelva a escucharse la sonrisa noble del médico que fue al Moncada y llegó a la universalidad. (Por Barbara Vasallo Vasallo, AIN)

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